domingo, 1 de marzo de 2009

Si ya sabes que soy Carla, lo que no sabes es que creía tener una familia unida y feliz. Ahora son problemas, a ver si me entiendo. Pero pasa el tiempo, y una empieza a despabilarse. El tema acá es un pariente que tengo. (El cual lo tenía mas arriba que en el cielo) Mi ídolo, mi modelo a seguir! Ya no es mi modelo a seguir. Una molesta decepción siento hoy hacia él. No puedo verlo. Aunque me duela, es así. La guerra empieza cuando viene a mi casa, a mi lugar, a mi tranquilidad. La invade totalmente. Lo veo llegar y empiezo a bajar mis ojitos de alegría que suelo llevarlos puestos la mayoría de mis días. Los baja en una milésima de segundo. Aparece una expresión horrible en mi cara que hace que me vea fea y decepcionada. (Y cansada, tal vez). Como paso la mayor parte de mis días en la computadora, sus comentarios son: “¡Eh decile a esa computadora que te largue!” o “Carli ¿me dejas un ratito que quiero jugar a las cartas?” y sino “¿Con quien hablas tanto? ¿Qué es lo que tanto haces ahí? Mostrame a ver… Quiero ver que hacés.” Y así todo el tiempo que transcurre adentro de mi casa en un día con el. Mi mamá me dice respetalo, el da todo por vos. Pero no puedo. Se mandó una buena cagada, una que no me imaginaba (Tengo que aceptar que soy una reverenda tarada, porque todos mis familiares lo sabían, excepto yo). Hoy mamá me dijo que me olvide del tema, y que empieze a ser un poquito mas cuidadosa, porque sino su pareja se alejaría de mí y yo me muero si ella no esta conmigo. Lo voy a intentar.